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Wednesday, 14 January 2009

Aislar al estado terrorista

Hace poco escribí en una nota sobre Gaza que los países que quieren realmente defender los derechos humanos debieran romper relaciones con Israel, que durante las tres semanas anteriores ha mostrado que es un Estado terrorista, que ha planificado el genocidio del pueblo palestino y pretende arrasar Gaza. Ahora leo con verdadera satisfacción que Venezuela y Bolivia han roto relaciones diplomáticas con Israel, lo cual es una muestra coherente de repudio a un país que de la manera más ostentosa y arbitraria, ha masacrado a más de mil ciudadanos palestinos, mientras el resto del mundo se conforma con tibios comunicados de censura que son apenas un saludo a la bandera.

La única medida que se puede tomar en estas circunstancias es una ruptura de relaciones, pues todos los intentos diplomáticos han fracasado debido a la influencia perversa que tiene el gobierno de Estados Unidos en la comunidad internacional. Los europeos, en gran parte responsables del drama palestino desde sus orígenes, no han dado un solo paso significativo para censurar o presionar a Israel. Los árabes tampoco. Egipto, con un gobierno cobarde, corrupto y aliado a Estados Unidos, ha rechazado incluso la tentativa de una reunión de los países árabes para discutir una acción común.

Las maniobras dilatorias y la indiferencia de los países "civilizados" ante el genocidio son insultantes para cualquier persona o comunidad que tenga un poquito de dignidad y de aprecio por la vida humana. Las cifras son demasiado claras como para confundirse: por una parte una veintena de soldados israelíes muertos en combate (algunos de ellos asesinados "por error" por sus propios compañeros), y por el otro lado más de mil ciudadanos de Gaza, la mitad de ellos mujeres, niños y ancianos, masacrados bajo bombas de todo tipo, incluidas las granadas de fósforo blanco.

Israel, que tradicionalmente ha violado todas las disposiciones de las Naciones Unidas, lo hace ahora una vez más, ignorando olímpicamente la resolución de alto el fuego que fue adoptada en días pasados. Israel no se ha dado por aludida, simplemente sigue masacrando. ¿Por qué entonces las Naciones Unidas no adoptan sanciones como las que adoptaron para aislar a Sudáfrica en tiempos del apartheid?

Las excusas que esgrime Israel para ejecutar un genocidio que estuvo planificado meticulosamente desde hace tiempo, son absurdas. Israel arguye que Hamas rompió la tregua, pero se ha establecido que fue Israel por lo menos en dos ocasiones quien rompió la tregua, y no Hamas. Por otra parte, los diplomáticos de Israel andan repitiendo una misma frase: "¿Como se sentiría usted si atacaran su país?" para tratar de aparecer como las víctimas de un ataque. Sin embargo, la verdad es otra, porque lo que Israel llama "su país", son territorios palestinos ocupados militarmente por Israel. Los combatientes de Hamas -movimiento político elegido mayoritariamente para gobernar los territorios palestinos- solamente tratan de expulsar al ejército invasor de los territorios palestinos.

Ya lo he dicho en el artículo anterior, y lo dicen todos los analistas que tienen memoria histórica: los combatientes de Hamas lo único que hacen es resistir a un ejército de ocupación, de la misma manera que los judíos se insurreccionaron en el ghetto de Varsovia contra las tropas de ocupación nazi, y de la misma manera que los anarquistas y los maquis franceses resistieron, con bombas, armas y con lo que fuera, la ocupación de los ejércitos de Hitler, que sometieron a Francia durante más de cuatro años.

La ocupación de Palestina por Israel dura ya más de seis décadas, gracias al apoyo de Estados Unidos. Lo que fue al principio, en 1947, un territorio reducido que las potencias regalaron a Israel en territorio palestino, se ha convertido a través del tiempo, y sobre todo desde 1967, en un espacio que confina a la población palestina a dos pedazos de territorio separados por el ejército invasor.

De qué vale que en cinco o diez años se forme un tribunal para juzgar a los dos Ehud, Olmert y Barack, los artífices de es te genocidio. Necesitamos que se haga justicia ahora. Es fundamental que tengamos un sentido más vivo de la historia, como algo que está en nuestras manos modificar hoy mismo, y no cuando sea demasiado tarde. Por ello, mientras más países se sumen a la ruptura de relaciones con Israel, mejor sabremos quienes están realmente por los derechos humanos, y quienes se escudan detrás de declaraciones diplomáticas que no sirven para un carajo.

Alfonso Gumucio


Saturday, 20 September 2008

Comunicación, información y difusión en Bolivia

Los medios: menos de la mitad

Comunicación, información, difusión y... confusión. Incluso entre los periodistas la confusión es grande pues usan indistintamente esos términos para referirse a los medios masivos. Para Antonio Pasquali la expresión medios de comunicación "repugna", porque los medios masivos no comunican, solamente difunden. Ya en 1963 Pasquali escribía:

La expresión medio de comunicación de masas (mass-communication) contiene una flagrante contradicción en los términos y debería proscribirse. O estamos en presencia de medios empleados para la comunicación y entonces el polo receptor nunca es una "masa", o estamos en presencia de los mismos medios empleados para la información y en este caso resulta hasta redundante especificar que son "de masas".

Lo correcto sería llamarlos medios masivos, medios de difusión, o medios de información. Dicho simplemente: la comunicación es en dos sentidos y horizontal, mientras que la difusión tiene sólo un polo de emisión vertical. Desde su origen en griego y en latín, el término comunicación está asociado a participar, dialogar y compartir.

Lo anterior es esencial si se quiere entender el papel de los medios masivos en la sociedad, y en el caso de Bolivia, la función política de los medios de comunicación frente a los partidos políticos y los movimientos sociales.

Credibilidad y respeto

Los medios masivos difunden y tal vez informan, pero no comunican. No admiten una relación de equidad con la sociedad, sino una relación de influencia-dependencia con los grupos de poder. Esa relación de dependencia-influencia está mediada por el poder de los propios medios masivos, lo que ha valido la expresión "cuarto poder' atribuida a Edmund Burke, hace más de dos siglos. Si ya se consideraba entonces que los medios tenían un poder excesivo en la sociedad, más aún con la aparición de innovaciones tecnológicas del siglo pasado.

No es gratuito que el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, reivindique la necesidad de un "quinto poder", es decir, un poder ciudadano sobre los medios, que no esté coludido con los poderes económicos y políticos.

En Bolivia aún vivimos una situación feudal, pues no existen los grandes monopolios, como Televisa o Globo, sino más bien alianzas de conveniencia entre familias que poseen sus parcelas (diarios, emisoras de radio o canales de televisión), que forman redes no sólo para aparecer más poderosos de lo que son, sino para ahorrar recursos, con perjuicio para los lectores o televidentes. En la medida en que comparten la programación y la información, estas se empobrecen, son más de lo mismo. La pobreza de los medios masivos en Bolivia es una de sus características esenciales: falta de análisis y falta de investigación. Los periodistas son pequeñas tuercas en la maquinaria de los medios masivos, sin capacidad de alterar ese panorama, salvo en ocasiones excepcionales en que sus reportajes o investigaciones están en la línea editorial del medio, y no tocan los intereses de los dueños.

La prensa ha sido tradicionalmente el principal referente de la discusión y del análisis político. Pero cada vez hay menos medios "respetables", es decir, aquellos cuya función de información se cumple en apego a la búsqueda de la verdad y donde los intereses de los grupos propietarios no determinan la línea editorial. En el mundo entero se pueden contar con los dedos de una mano. El primero que viene a la cabeza es Le Monde, quizás el único diario que se ha ganado el respeto internacional por su seriedad. The Guardian, en Inglaterra, ha merecido también ese sitial, aunque su posición independiente es más agresiva. The New York Times fue el diario independiente de referencia en Estados Unidos, pero su complicidad con el gobierno fue demasiado lejos durante la guerra de Irak.

La política en los medios y los medios en la política

Una identificación demasiado clara de un medio con una propuesta política lo pone en desventaja. Las veces que ha ocurrido, como con RTP (Palenque, un político populista, ya fallecido), ha servido de trampolín circunstancial en la política, pero la credibilidad del medio se pulverizó. Son más hábiles los medios de difusión que detrás de una aparente "diversidad ideológica" esconden un proyecto político que apunta a que no cambie nada. En esa línea se inscribe la mayoría.

De cara a los partidos políticos y a los movimientos sociales, los medios de difusión mantienen un delicado equilibrio. Cuando han intentado romper ese equilibrio, para orientar su línea editorial a favor o en contra de un grupo de poder específico, se han producido reacciones que amenazaban con restringir su difusión. Sucedió con La Razón, que en un momento dado tuvo serios problemas para circular y enfrentó reacciones violentas de parte de grupos de la sociedad civil.

En 2007 Internacional Media Support (IMS) analizó exhaustivamente el comportamiento de los medios en Bolivia. La organización holandesa señaló en su resumen ejecutivo:

Entre los resultados centrales se encuentra que la polarización creciente en la sociedad boliviana se refleja de una manera importante en los medios. Varios de ellos asumen un papel muy activo al representar intereses distintos con una marcada tendencia a aumentar las críticas a las posiciones opuestas. Esto, combinado con la particular segmentación geográfica de los medios bolivianos, implica un riesgo en el momento actual en la medida que contribuye también a una cierta fragmentación del país.

Sin embargo, no es tan directa la influencia de los grupos de poder sobre los medios. Más bien, los directores, jefes de redacción y periodistas, maniobran en un margen que les permite armar su música "al oído", sin una partitura rigurosa. El problema de los medios masivos no es tanto lo que dicen sino lo que callan; la población es la que menos se expresa en los medios de difusión, de allí quizás que tradicionalmente se ha dotado de sus propios medios: las radios comunitarias o sitios en Internet como Bolpress o AulaLibreBol.

El papel político de los medios de difusión con relación a los movimientos sociales es epidérmico. La carencia de análisis y de investigación hace que la cobertura de los movimientos sociales sea precaria, superficial, y por lo general revele ignorancia del tema. Si bien los partidos políticos pueden articular plataformas que se traducen fácilmente en información, no sucede lo mismo con los movimientos sociales. Un papel de los periodistas en los medios masivos debería ser esa capacidad de articular aquello que a simple vista se muestra disperso, caótico e inorgánico.

Tampoco son los medios articuladores del diálogo tan necesario en momentos de crisis política, más bien demuestran una precariedad lamentable. No son en el escenario político verdaderos actores de la democracia, sino que actúan a tientas, sin objetivos claros. Su función se ve reducida a difundir información que otros generan, desde boletines oficiales hasta comunicados de la empresa privada, pero sin capacidad de articular la información.

Antes leíamos dos o tres diarios para formar una opinión. Hoy, esa lectura no aporta mucho en la comprensión de los grandes temas del debate político. Por ello los lectores acudimos con mayor frecuencia a sitios en Internet, a boletines, a otras formas menos convencionales de información para amar el rompecabezas de la política boliviana. Y tampoco lo logramos, como no lo logran ni los partidos, ni los movimientos sociales, ni los medios de difusión.

Los medios de difusión representan menos de la mitad de la información política que el ciudadano requiere para formarse una opinión. La mitad que ofrecen los medios masivos es parcialmente sesgada, parcialmente veraz, parcialmente inclusiva y democrática, pero sobre todo es una información desarticulada, polarizada e inorgánica. Incapaz de contribuir a la construcción de ciudadanía.

Alfonso Gumucio

(Tomado de Bolpress)

Thursday, 28 August 2008

Aterrizajes del Presidente

Relaciones nacionales e internacionales

Paradojas de la política boliviana: el presidente Evo Morales no puede aterrizar en algunos aeropuertos de Bolivia, pero en cambio lo reciben con los brazos abiertos en todo el mundo. Los obtusos y microscópicos cerebros de las “juventudes” unionistas (grupos paramilitares de choque en Santa Cruz y Beni) creen que le hacen un gran mal al gobierno impidiendo que los funcionarios del Estado se desplacen por el territorio nacional, como es su obligación.

Ya lo hemos escrito otras veces, es una barbaridad que el presidente, sus ministros, y otros funcionarios del Estado no puedan recorrer el país y visitar cualquier punto del mapa de Bolivia. La autoridad del gobierno central se extiende sobre la totalidad del territorio, y resulta un absurdo que la soberanía sea violada desde adentro por falanges de cavernícolas. No es un tema de que Evo o cualquier del gobierno le caiga bien o mal a los ciudadanos de un pueblo equis o zeta. El tema aquí es que impedir la circulación de cualquier ciudadano por el territorio nacional, y más aún la de un presidente constitucional, constituye una violación de los derechos humanos –en el primer caso, y un atentado a la seguridad nacional -en el segundo. En ambos casos los causantes de semejantes atropellos deberían ser perseguidos y enjuiciados con todo el peso de la ley.

Los cerebros microscópicos no sólo son una característica de los molestos mosquitos de las “juventudes unionistas” que empuñan palos en lugar de libros, sino también de algunos parlamentarios que fueron elegidos para representar al pueblo. Uno de ellos, que responde al nombre de Roger Pinto, de la bancada de PODEMOS (partido que cada vez “puede-menos”), critica al presidente por su viaje a Libia y a Irán, con el manido argumento de que Libia “tuvo un pasado de financiamiento al terrorismo” y que Irán “está confrontado con toda la sociedad internacional” (lo cual es una mentira grosera). Pinto no merece en realidad ningún comentario hasta que maduren sus pocas células grises, pero el tema de las relaciones internacionales de Bolivia, si.

Bolivia, como cualquier otra democracia, tiene todo el derecho del mundo –derecho basado en instrumentos internacionales- de mantener relaciones diplomáticas y económicas con cualquier nación, y el presidente boliviano tiene todo el derecho de atender las invitaciones oficiales que le hagan sus homólogos de cualquier país.

Los argumentos de “terrorismo” para no establecer relaciones con un país o para no visitarlo, son de muy poca seriedad si analizamos el mapa de las relaciones internacionales. Estados Unidos, para empezar, mantiene relaciones diplomáticas con la mayoría de los países del mundo, a pesar de que Estados Unidos es un país que ejerce el terrorismo de Estado, como lo prueba su historia. La potencia del norte ha intervenido militarmente más de cien veces en países de todas las regiones del mundo. Además de las intervenciones abiertas, ha entrenado y financiado organizaciones terroristas, y en acciones encubiertas de sus agencias de inteligencia ha cometido asesinatos políticos, secuestros y atentados. A todas luces, Estados Unidos es el paradigma de Estado que ejerce el terrorismo con la mayor impunidad.

Entonces, resulta una estupidez salida de cerebros de mosquito, pretender que las relaciones internacionales se guían por los parámetros de “terrorismo” o de “respeto a las libertades”. Las relaciones internacionales son un tema político y económico. Un tema político porque a las grandes potencias le interesa tener un pie de playa en todas las regiones y un tema económico porque los países más empobrecidos, como Bolivia, no pueden darse el lujo de mantener un embajador ocioso a miles de kilómetros de distancia, por lo que priorizan solamente las relaciones con países vecinos o países que pueden aportarnos algo.

La cooperación económica es lo que justifica las relaciones que los Estados establecen entre si. Generalmente, de un lado de la balanza pesan más los intereses económicos y del otro lado los intereses políticos. Por ejemplo, en la cooperación entre Bolivia y Estados Unidos les vale madres (como dicen en México) a los gringos invertir 150 millones por año, porque los réditos políticos valen más que eso: control sobre el tráfico de drogas, control sobre las Fuerzas Armadas, intervención en la política interna del país, acopio de información para el uso de organismos de inteligencia, etc. En cambio a Bolivia, que no es pobre pero tiene por costumbre vestirse de mendigo, nunca le vienen mal esos milloncitos de dólares, aunque eso signifique a veces bajar la cabeza en muchas cosas. El gobierno del MAS no es de los que baja la cabeza, pero tampoco es de los que, por dignidad, rechaza esa ayuda (aunque cada vez anuncia que lo hará).

Los viajes del presidente al exterior no me asustan como a los incompetentes de PODEMOS. Es cierto que Evo viaja mucho, siguiendo el ejemplo del presidente venezolano, aunque sin tener los recursos (de oratoria o económicos) que tiene Hugo Chávez. Pero a veces es mejor que el presidente vaya de posta en posta por el mundo con la bandera de Bolivia, porque cuando está en el país no logra resolver los principales problemas que nos aquejan: la división interna entre bolivianos, la polarización política exacerbada y la falta de institucionalidad. Y no digo nada de la economía, pues esta funciona milagrosamente bien, muy a pesar de la ausencia de una conducción inteligente desde el gobierno.

Alfonso Gumucio D. (tomado de Bolpress)

Saturday, 2 August 2008

De charangos y viruelas

La nueva generación de periodistas.

Hubo un tiempo en que la profesión de periodista era noble, los periodistas eran personajes reconocidos por la calidad de su trabajo. De los mejores periodistas que hemos tenido en el pasado, pocos pasaron por los estudios de periodismo (de “comunicación social” como les llaman ahora). Y sin embargo, los que escribían décadas atrás en los diarios y revistas lo hacían con una calidad superior a los de ahora, que supuestamente estudian para hacerlo. ¿Cómo aprueban los exámenes y obtienen sus títulos? Es un misterio, si consideramos que la calidad de su trabajo no merece ni siquiera un certificado de bachillerato.

No pasa un día sin que veamos en los diarios y escuchemos en la radio los errores (horrores mas bien) que cometen en nombre del gremio gentes que en realidad nos hacen sentir vergüenza ajena a los demás. Abundan los gazapos en los titulares, en las notas. Habría que coleccionarlos para hacer una antología de la estupidez. Y encima la irresponsabilidad con que se escribe y se publica, la falta de seriedad en el ejercicio de la opinión, la ausencia total de investigación y verificación de fuentes.

El título de este comentario, por ejemplo, viene de una nota de prensa reproducida en varios diarios bolivianos, donde se anuncia que un libro escrito por Ernesto Cavour está disponible en línea de manera gratuita. La nota le hace un flaco favor a nuestro gran Coco Cavour, porque concluye de esta manera: “El origen del charango, su etimología, las viruelas en América, presencia de la viruela de mano en Bolivia, iconografía del charango, sirenas charanguistas, Potosí, cuna del charango; dispersión del charango, son algunas de las temáticas de la publicación.” O sea, la relación entre el charango y la viruela no la conocíamos hasta ahora… Por supuesto que Coco Cavour no pretendía tal cosa al escribir sobre la vihuela como antecedente del charango, pero al periodista ignaro, seguramente le pareció que vihuela no existía en la medida en que no era una palabra de su propio léxico. Lo peor de todo es que no le incomodó poner, en vez, viruela. ¡Qué fiero! Y fieros los diarios que publican la nota tal cual, como si el oficio de corrector de estilo hubiera desaparecido del mapa.

Este es solamente un ejemplo, la parte visible de un iceberg que esconde bajo aguas un problema muy serio de los estudios de periodismo en Bolivia y en otros países de la región. La multiplicación de “universidades” en cualquier casa que tenga tres pisos (suficientes para albergar a dos centenares de estudiantes), va en paralelo con la creación de las carreras o facultades de “comunicación social”. Son las más fáciles de crear, no cuestan mucho, y tienen buena clientela. Como las universidades son ahora negocios tan rentables como un bar de moda o un cementerio privado, estas carreras “fáciles” abundan. Por consiguiente abundan los “comunicadores sociales”, en realidad periodistas cuya formación es lamentable. No es de sorprenderse entonces del estado calamitoso de los medios de información en Bolivia, quizás sin paralelo en otros países.

No hace mucho estuve frente a un auditorio de estudiantes de “comunicación social” en la Universidad de San Francisco Xavier, en Sucre. Supuestamente estaban interesados en conocer un poco más sobre cine boliviano y sobre la personalidad de Luis Espinal, amigo y colega asesinado en 1980. Partiendo de ese supuesto interés se me ocurrió preguntar al iniciar el diálogo, cuantos habían leído algo escrito por Luis Espinal… Silencio absoluto en la sala. Entonces bajé un tanto mis expectativas y pregunté quienes habían escuchado hablar de Luis Espinal… Un par de brazos se alzaron tímidamente en la audiencia. Me pareció bastante extraño, porque Luis Espinal es una figura muy conocida en Bolivia, por su vida y por su trágica muerte. Todos los años hay homenajes, se publican artículos, se han hecho sobre él libros y películas, no solamente dentro sino fuera de Bolivia.

Decidí rayar la cancha con otras preguntas: ¿Han oído hablar de Marcelo Quiroga Santa Cruz? Otro par de brazos en alto, entre un centenar de asistentes. Es decir, Marcelo Quiroga, el líder del Partido Socialista, candidato a la presidencia varias veces, diputado, Ministro de Minas y Petróleo que nacionalizó la Gulf en 1969, escritor y cineasta asesinado durante el golpe de 1980… es desconocido por los futuros periodistas formados en la Capital de la República, a pesar de ser, junto a Espinal, uno de los símbolos más importantes en la lucha por la democracia en Bolivia. Sin duda debe haber en Sucre un par de calles con los nombres de Luis Espinal y de Marcelo Quiroga.

La siguiente pregunta acabó por desplomar mi ya endeble confianza en el futuro del periodismo en Bolivia: ¿Conocen la obra cinematográfica de Jorge Sanjinés? Silencio en la sala, una sola persona levantó el brazo y dijo que había visto alguna de las películas del más importante realizador del cine boliviano, uno de los pioneros de “nuevo cine latinoamericano”. ¿Cuantos han siquiera oído hablar de él? Otro par de brazos tímidos. Yo podía entender, con dificultad, que no hubiesen visto las películas, que el mismo Jorge guarda y exhibe celosamente, pero que no hubiesen siquiera escuchado su nombre me pareció demasiado.

Esas y otras preguntas me demostraron que los futuros “comunicadores”, muchos de los cuales tenían planes para trabajar en cine y en televisión, no tenían la menor idea ni de cine boliviano, ni de política, ni de historia, ni de nada.

Al día siguiente fui al Archivo Nacional de la Nación, el repositorio más importante de libros y documentos que tenemos en Bolivia, y que queda precisamente en Sucre por ser la Capital de la República, y busqué mis propios libros sobre cine boliviano y sobre Luis Espinal. Ahí estaban clasificados y accesibles a cualquier lector interesado. Pero claro, hay que aprender a leer primero.

Eso terminó de confirmar que los futuros periodistas carecen de la curiosidad más elemental sobre el país, sobre nuestra cultura, sobre los personajes importantes de nuestra historia… No les interesa nada, nada más que verse en una pantalla de televisión diciendo cualquier tontería.

Por eso, del charango a la viruela, para ellos no hay mayor distancia.

Alfonso Gumucio D.

Wednesday, 18 June 2008

Indios, hindúes e ignaros

Ya me cansé de leer en los diarios, de escuchar en las radios y de ver en la ltelevisión, periodistas y comentaristas supuestamente muy sabihondos, que a los ciudadanos de la India les dicen "hindúes", con todo desparpajo. Al principio me hacía gracia, ahora me molesta porque revela una ignorancia inaceptable en quienes en mayor o menor medida influyen en la opinión pública. A todos ellos les digo: ignaros, abran un diccionario de vez en cuando.

El gentilicio aceptado para nombrar a los ciudadanos de la India es, simplemente, indio. El hinduismo es una religión, por lo que ser “hindú” es como ser católico o musulmán. En la India los hindúes son la mayoría, el 80 %, mientras los musulmanes suman 13.5 % y los católicos 2.3%. Otras denominaciones menores incluyen los budistas con 1.5% (aunque suman 17 millones) y los jain con 0.5 % (más de 4 millones).

Ahora que la India está de moda porque su economía tiene un crecimiento cercano al 10% anual, y porque los indios están comiendo mejor y afectando de esa manera la disponibilidad de alimentos en todo el mundo, sesudos analistas ponen en evidencia su ignorancia en frases como esta: “el salto en los precios de los alimentos se explica porque chinos e hindúes (sic) están comiendo más arroz, pollo, carne…” (uno de los principales columnistas de La Razón). ¿O sea que los musulmanes en la India, los budistas, y los católicos comen menos? Todos los demás columnistas, de todos los diarios del país, casi sin excepciones, persisten en el mismo error. Y lo mismo la gente del gobierno, cuando se refiere por ejemplo a la empresa Jindal. De pronto, todos se han vuelto muy religiosos.

En titulares, como este de la Agencia Nacional FIDES, se pone más en evidencia la ignorancia: “Inversión hindú en Bolivia es la más grande de América Latina”… ¿Será que con tamaña inversión nuestro país dejará de ser católico? ¿O la inversión es solamente la que hacen los ignaros periodistas de los términos que utilizan? Y qué tal estos avisos: “aprenda a bailar música hindú en Bolivia”, “deliciosa comida hindú”, o “cursos del idioma hindú…” como si la religión hindú tuviera su propia música, comida y lengua o pudiéramos asimilar el catolicismo al castellano, a la zarzuela y al gazpacho.

Si el periodista se informara un poco, sabría que no hay lengua hindú sino hindi, hablada por 370 millones de habitantes, de los 1.200 millones que tiene la India. Además del hindi, las lenguas principales son el urdu, telugu, gujarati, bengali, punjabí, tamil, etc., y dependiendo de la región de ese vasto país, todas esas lenguas las hablan hindúes, musulmanes o budistas.

Esto se parece a la barrabasada que consiste en llamar a los ciudadanos de Estados Unidos “americanos”, regalándoles de esa manera todo el continente en el que vivimos más de 800 millones de habitantes, en 35 países, una veintena de colonias europeas y no menos de dos centenares de naciones distintas con sus propios idiomas. Somos los propios latinoamericanos los que les decimos “americanos” a los estadounidenses, y en el mejor de los casos les decimos “norteamericanos”, ignorando que en América del Norte está también Canadá y México.

La importancia de hablar con propiedad no es poca. Si habláramos y escribiéramos con propiedad, quizás nos entenderíamos mejor unos a otros.

Alfonso Gumucio

Thursday, 20 March 2008

Información sin ética

La ANP y la libertad de expresión.

¿A qué juega la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) de Bolivia? ¿A quién representa esa organización sino a los propietarios de medios? ¿Defiende realmente la libertad de expresión de los bolivianos, o de unos cuantos patrones que manipulan a la opinión pública? ¿Cuál es la ética periodística que caracteriza a los medios que la ANP dice proteger?

Como ciudadano boliviano puedo estar en desacuerdo con muchos artículos de la Constitución Política del Estado propuesta por el MAS, y he escrito muchas veces sobre la manera tramposa e ilegal del gobierno para tratar de aprobarla a cualquier precio, incluso al costo de dividir al país.

Sin embargo, como ciudadano, como comunicador y como periodista, me indigna que la ANP “denuncie” ante la OEA que la libertad de expresión peligra en Bolivia porque el Inciso II del Artículo 108 de la CPE propuesta por el MAS dice textualmente: “La información y las opiniones emitidas a través de los medios de comunicación social deben respetar los principios de veracidad y responsabilidad”.

¿Cual es el problema? ¿Quién puede estar en desacuerdo con ese inciso sobre todo en un país como el nuestro donde la mayoría de los medios son una verdadera basura? Estamos inundados de periodismo amarillista, de canales de televisión que son más bien canaletas por las que se vierte podredumbre. Para ejemplos, “El Mundo” y la cadena UNITEL, que representan lo más bajo en el periodismo nacional y lo más alejado de la ética de la información.

Con el argumento de la libertad de expresión la ANP intenta claramente proteger a los medios de difusión más viles que hay en Bolivia, medios que no merecen para nada la etiqueta de “medios de comunicación”, ni siquiera la de “medios de información”, pues lo que hacen es difamar, mentir, exagerar, confundir, desorientar y desinformar. Las excepciones son honrosas, y las reconocemos, porque representan no solamente la libertad de expresión, sino la diversidad y pluralidad de opiniones.

La ANP protege la “libre expresión” de los dueños de medios que se creen con derecho a difundir cualquier infamia, pero no defiende el derecho a la comunicación, que es el derecho de los pueblos a expresarse a través de medios que generalmente les están vetados. La OEA debe tener bien claro que la ANP no representa ni a los periodistas ni a los ciudadanos bolivianos, es una organización empresarial sin responsabilidad social, nada más.

Dice la ANP que el inciso citado puede ser usado “irresponsablemente por alguna autoridad para procesar judicialmente a cualquier ciudadano”… Qué caraduras. Por lo menos (si se aprueba) los medios de difusión chatarra van a cuidarse un poquito de no difundir informaciones falsas, rumores, calumnias, como hacen actualmente. ¿Por qué no se preocupa la ANP de hacer respetar la ética periodística?

Cuánto daño le hacen y le han hecho al país esos medios de difusión que manipulan la información y vulneran el derecho ciudadano a una información veraz, honesta, y equilibrada. No aspiramos los ciudadanos a una información objetiva, porque sabemos que eso no existe. Somos conscientes de que detrás de cada diario, radio o canal afiliado a la ANP, hay intereses económicos y políticos que determinan su línea editorial, y eso es legítimo, como en todas partes del mundo. Pero lo que no se puede tolerar es el amarillismo, la calumnia y la mentira mordaz con las que se abusa de la buena fe de los lectores.

El sector de los medios de difusión es el único que no admite regulación, lo cual es una barbaridad. Todos los sectores en la vida económica y social de un país, se rigen por derechos y obligaciones. Pero el sector de los medios se cree por encima de la ley, y no acepta ningún tipo de reglamento que proteja a los ciudadanos y garantice la transparencia y la veracidad de la información.

Los periodistas honestos debemos manifestarnos en contra de la ANP porque no nos representa, solamente representa a los patrones de los medios, a los dueños, a los que manipulan la información en función de sus intereses económicos y políticos.

Como ciudadanos tenemos derecho a artículos en la Constitución Política del Estado que nos permitan defendernos de la calumnia, de la mentira, de la desinformación que es tan frecuente. En todos los países civilizados del planeta, existen regulaciones sobre la responsabilidad social de los medios, menos en nuestro país, donde hacen lo que les viene en gana.

Un ejemplo claro de la manipulación de la información es precisamente esta “denuncia” de la ANP ante la OEA, porque distorsiona el espíritu del Inciso II del Artículo 108 y alude a los “riesgos que corre la libertad de expresión”… Pura bobería malintencionada de quienes quieren quedar impunes por los delitos de desinformación que cometen todos los días con la basura que difunden.

Alfonso Gumucio (Tomado de Bolpress)

Sunday, 24 February 2008

Informe de Reporteros sin Fronteras sobre Bolivia

La tentación sensacionalista

La organización Reportes Sin Fronteras se atribuye la representación de los periodistas en todo el mundo, pero en realidad es una organización de marcada tendencia política conservadora, quizás porque ser conservador está ahora "de moda" en Francia, donde tiene su sede esta red. Con la presunción de "defender la libertad de expresión" sus posicionamientos políticos aparecen sistemáticamente alineados a favor de la libertad de empresa, antes que con el derecho a la comunicación. Su informe de 2008 sobre Bolivia lo prueba una vez más.

Para comenzar, el informe repite irresponsablemente esa cantaleta de que en la historia de Bolivia ha habido “más de 150 golpes de estado”... Es cierto que los propios periodistas bolivianos, igualmente irresponsables, manejan esa cifra alegremente, pero no por eso debemos excusar a una organización que pretende erigirse en el punto de referencia internacional sobre el periodismo responsable. Si la pereza intelectual impide a los “reporteros sin fronteras” interesarse realmente en la historia de nuestros países, mal podemos aceptar sus juicios de valor sobre la realidad actual.

Está claro que Reporteros Sin Fronteras hace sus informes “de oídas”, es decir, juntando pedacitos de información que no tiene capacidad de analizar ni de integrar adecuadamente. Lo que es más grave aún, en sus informes hay un sesgo sensacionalista cada vez mayor, lo cual le permite sin duda publicitar mejor sus actividades. Basta leer el informe sobre Bolivia, para darse cuenta de ello. ¿Podemos los periodistas bolivianos reconocernos en esa descripción que se hace de nuestro país? Pienso que no es solamente insultante para nosotros, sino que revela una gran ignorancia.

Las descripciones de periodistas heridos o maltratados en eventos públicos son una suma de titulares fuera de contexto, que al ser alineados en un solo párrafo ofrecen una imagen distorsionada y apretada de eventos que tuvieron lugar a lo largo de todo el año. No hay análisis, no hay información balanceada, no hay rigor. No esperamos “objetividad”, primero porque no existe la objetividad en el periodismo, y segundo porque ya conocemos la posición conservadora de Reporteros Sin Fronteras. Pero al menos algo de rigor y de análisis hubiera hecho de ese informe algo útil. Por el momento, no le vemos ninguna utilidad en favor del derecho a la comunicación.

La impresión general que deja el informe sobre Bolivia, es que en nuestro país se vive una situación que amenaza a la libertad de expresión de los periodistas. Es cierto que el Presidente Morales ha expresado amenazas muchas veces, pero ya sabemos que las cosas que dice no necesariamente se hacen realidad. Lo cierto es que los periodistas escribimos lo que queremos en Bolivia, y si hay algo de censura, es la que ejercen los dueños de medios, y no el Estado.

Los informes de Reporteros Sin Fronteras, por su sesgo sensacionalista, siempre destacan los hechos de violencia, las palizas que recibimos los periodistas (aunque en una manifestación pública a todos les llueve palo por igual), o los actos de represión física. Rara vez, sin embargo, se refieren a la censura cotidiana que se ejerce en los medios de difusión, y a la autocensura que ejercen los propios colegas periodistas que “saben” para quien escriben. Sin ese análisis, lo que queda en los informes es simplemente la imagen apocalíptica de la violencia.

Bolivia no es el ejemplo principal que revela las técnicas de desinformación de reporteros Sin Fronteras. Hay que ver sus informes sobre otros países también, para encontrar el mismo sesgo. Por ejemplo, en el caso de Venezuela, Reporteros Sin Fronteras denunció y demonizó la Ley RESORTE (Ley de Responsabilidad Social en la radio y Televisión), sin siquiera haberla leído. No hay un solo análisis que se remita directamente al texto de la Ley, todo es especulación sobre supuestos “atentados a la libertad de expresión”.

A diferencia de Médicos Sin Fronteras, donde se inspira el nombre, Reporteros Sin Fronteras no interviene en los países a favor del derecho a la comunicación. Lo único que hace es publicar denuncias mal articuladas y muchas veces poco fundamentadas.

Al igual que los informes de Transparencia Internacional sobre la corrupción, los de Reporteros Sin Fronteras están sesgados porque están basados en percepciones, y no en investigaciones serias. Estos observatorios internacionales que se arrogan el papel de jueces en países que apenas conocen, deberían ser examinados con lupa, pues sus informes no necesariamente contribuyen a nada.

Alfonso Gumucio - Tomado de Bolpress

Pueden encontrar los reportes de Reporteros sin Fronteras y Transparencia Internacional aquí y aquí.

Saturday, 16 February 2008

Muerte de Philip Agee


Hace exactamente un mes, el 7 de enero, murió a los 72 años Philip Agee, ex -agente de la CIA que desde los años 1970s denunció las operaciones encubiertas de la agencia y expuso las maniobras sucias que la CIA utilizaba en varios países con el propósito de influir en la situación política interna. Yo no me hubiera enterado de la muerte de Agee si no era por La Hojarasca, una revista de análisis político y cultural, que publica en línea mi amigo. el escritor colombiano Enrique Santos Molano.

El personaje de Philip Agee tiene cierta relación conmigo porque lo conocí en París en 1975, cuando él todavía andaba dando tumbos por el mundo (“On the Run”, como tituló uno de sus libros), pues lo expulsaban de un lado a otro por las presiones del gobierno gringo. Finalmente se fue a La Habana y vivió (y murió) tranquilo allí luego de haber fundado y operado durante años una agencia de turismo, Cubalinda.

Alfonso Gumucio, Jaime Galarza y Philip Agee en 1975

En París lo entrevisté para mi película "Señores Generales, Señores Coroneles", (también entrevisté a Regis Debray para ese documental). Le hice preguntas sobre la intervención de la CIA en los gobiernos militares y me dio la información con pelos y señales, como aparece en la película. Pero además, nos dio a Jaime "Negro" Galarza, a Alain Labrousse y a mi, datos y nombres sobre los agentes de la CIA que operaban en ese momento en Ecuador, Uruguay y Bolivia respectivamente.

Con esa información los compañeros del Comité de Resistencia Antifascista (bolivianos organizados contra la dictadura de Banzer) nos fuimos a conversar con un amigo periodista de la Agence France Presse (AFP) que difundió a todo el mundo la denuncia con nombres y apellidos, causando un gran revuelo en Bolivia, donde tuvieron que cambiar de la noche a la mañana a varios "agregados comerciales" de la Embajada de Estados Unidos.

Por esas mismas fechas mi amiga Alejandra Adoum y su madre, Magdalena, la "Maga", publicaron en Quito, en su revista Nueva (No. 17, marzo 1975), un número especial con las revelaciones de Philip Agee. Tuvo mucho éxito ese número, pues "desapareció" de los puestos de venta rápidamente. Yo tuve la suerte de conseguir un ejemplar pues estaba entonces en Ecuador, asistiendo a Jorge Sanjinés en su largometraje “Fuera de Aquí”.


El libro “Diario de la CIA”, traducido casi inmediatamente a varios idiomas, acababa de publicarse cuando conocí a Agee en París. El me mostró entonces por lo menos una docena de ediciones diferentes. En esas memorias narra cómo tuvo que estar clandestino, huyendo de un país a otro, porque la CIA le pisaba los talones. Los SOB llegaron al extremo de plantar un dispositivo electrónico escondido en la tapa de su máquina de escribir, para vigilar lo que iba escribiendo cada día… es decir, inventaron una computadora antes de tiempo con la intención de conocer de primera mano lo que el agente “renegado” decía sobre ellos. De hecho, el libro de Agee no se publicó en Estados Unidos, “tierra de libertad de expresión”, sino en Europa, en las ediciones Penguin.

El “Diario de la CIA” es revelador porque cuenta en primera persona lo que Agee vivió. Ahí no hay suposiciones ni inventos, Agee ofrece la información con pelos y señales, al mismo tiempo que narra su proceso interno que lo lleva a cuestionar el trabajo que hace en la CIA, organización a la que había ingresado muy joven, con el idealismo de que iba a trabajar a favor de la paz y la justicia social…


Bueno, así, la memoria sobre Philip Agee.

Alfonso Gumucio








Fotos y permiso: Alfonso Gumucio